Este proyecto, marcado por la minuciosidad y el respeto a los materiales originales, permitirá que el próximo Viernes Santo el cortejo luzca con un brillo renovado.
La intervención no ha sido un simple mantenimiento, sino una recuperación profunda dividida en dos fases críticas:
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Faroles: Cada pieza ha sido desmontada íntegramente para tratar sus componentes de forma individual. Se ha procedido a un pulido técnico y abrillantado profundo, eliminando el desgaste del tiempo y la cera acumulada, devolviendo al metal su capacidad de reflejar la luz de las tulipas de forma óptima.
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Astas: La madera, que sufre especialmente con los cambios de temperatura y el uso, ha sido sometida a un proceso de lijado manual, tintado y barnizado. Con este tratamiento, se ha recuperado la veta natural de la madera y se ha aplicado una capa de protección que garantiza su conservación para las próximas décadas.
Este hito no habría sido posible sin la titánica labor del equipo de Priostía y sus colaboradores. La Hermandad desea expresar su más profundo agradecimiento a estos hermanos que, de forma desinteresada, han dedicado horas de esfuerzo y minuciosidad para que este elemento tan característico de nuestra cofradía vuelva a su máximo esplendor.
